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Otra vez nuestro Liceo está de luto. Un colega ya no estará más. Permanecerá sólo en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

Hoy, temprano, al inicio de nuestra jornada laboral, el Director - tras saludarnos-, nos entregó  la triste noticia del deceso de nuestro compañero de labores, tras sufrir  una  grave enfermedad que lo obligó a alejarse por varios meses de las aulas.

¿Qué podríamos decir para despedir a un profesional de la Educación, colega  y amigo, maestro por excelencia, que nos deja hoy, cumpliendo el llamado divino?

Luis Valdivia  era, como sabemos, un profesor como tantos, pero especial.

Lo hacía especial la disposición para enseñar y acercarse a sus estudiantes, que supieron descubrir en él, otros matices de su personalidad.

Franco, optimista, perseverante, siempre queriendo superar sus propias metas. Ganador de concursos y competiciones matemáticas, acompañó a sus alumnos y alumnas en viajes y presentaciones, representando al Establecimiento, más, su mundo no sólo eran números y ecuaciones.

Su preocupación por ser cada día mejor, lo hicieron estudiar y capacitarse, y acercarse en el mundo espiritual a muchas personas, de quienes sabía extraer lo mejor, aunque a veces, era un ser crítico que decía sin preámbulos lo que pensaba.

Otras veces, solía sentarse meditabundo y silencioso en un lugar de nuestra sala de profesores, pensando, mirando sin ver, sumido en sus cavilaciones, pero sin dejar de estar alerta de su entorno.

Su objetivo era cumplir, ganar, auto instruirse, indagar en un libro o en texto digital para compartir lo que aprendía. En ese sentido, diría que era ambicioso.

Era hombre de trato amable, a pesar de su siempre ceño fruncido.

Creyente en Dios. Querendón y preocupado de su familia. De sus deberes. Presto a colaborar cuando se le precisaba.

A veces disentía de situaciones atinentes al tema educativo, expresando su sentir con respeto y a veces, con rudeza. Pocas veces, también lo vi disculparse humildemente por algún error cometido.

Hace poco, conversando brevemente, se sentía feliz con el nacimiento de su nieto. También pensaba en su hermano Santiago,  convaleciente  de una grave enfermedad, a quien conocí cuando ambos éramos estudiantes universitarios en los ’80.

Le gustaba recibir saludos de sus ex alumnos, especialmente e-mails desde tierras lejanas, que lo hacían sentir nostalgia de los años pasados, y sentirse alegre y satisfecho de haber aportado un granito de arena en la formación de aquellos jóvenes.

Lo vi por última vez el día que, personalmente, acompañado de su esposa vino a entregar una licencia médica.

Ya lucía un tanto desmejorado, pero con ganas de volver a su Liceo, donde nos conocimos, hace años, impartiendo clases en Jornada Nocturna en el famoso y añorado LINOCTAL.

Pero, siempre estábamos sabiendo noticias de su salud, a través de otros colegas, quienes estaban más en contacto con su familia.

Estas humildes palabras, son un homenaje, un reconocimiento a su labor y a su entrega profesional, a su entereza para enfrentar las adversidades y contratiempos que le deparó su enfermedad, seguros de no olvidar los  aportes que hizo en pos de la Educación, en  su paso por este Liceo.

                                         

¡ DESCANSA EN PAZ  ESTIMADO PROFESOR!

 

 

Redacción: Profesora Adriana Cornejo Valdés

Fotografía:www.google.cl