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Estimada Comunidad:

                    Esta tarde, hace muchos años, se celebró la última cena en la vida de un hombre, cuya vida terrenal terminó en una cruz, habiendo sido vitoreado el domingo anterior. Indudablemente que hubo un manejo político de Poncio Pilatos. Sin embargo, el mundo sigue recordando ese hecho, porque este hombre nos dejó un legado de paz y amor en su evangelio.

                                   Al estar al frente de esta comunidad, por las circunstancias que sean, no puedo dejar pasar este momento y me permito llamar la atención de todos Uds. para reflexionar sobre lo que estamos viviendo.

                                  Habitualmente el día Jueves Santo, los funcionarios del LAM se han reunido al ocaso a compartir una cena de pan y vino y después de reflexionar sobre el evangelio de Cristo, luego nos retiramos a nuestros hogares a permanecer con nuestras familias. Pero hoy no es así. El liceo está prácticamente vacío. Me desplazo por sus pasillos evocando el sonido de las voces de los que habitualmente deberían estar acá y no lo están. Pero como de lo que nos pasa debemos tomar aquello que nos permitirá avanzar y considerando los aportes de una psicóloga muy querida por mí, puedo invitarlos a Uds. a reflexionar sobre:

                                           ¿De qué manera vivimos nuestra vida?

                                           ¿Cuáles son nuestras prioridades?

                                           Y ¿Qué es lo esencial de ella?

                                 Tal vez esta situación nos está pidiendo que cambiemos nuestra forma de vida, que cuidemos más de ella y que también cuidemos de nuestro prójimo. Que nos convirtamos, como ella lo dice, en agentes de cuidado de nosotros y de los demás. Que trabajemos para hacer que florezcan nuestras capacidades y recursos, porque en la diversidad se probará la fortaleza.

                               Que esta última cena sirva para que busquemos en nuestro interior los dones personales y familiares que nos permitan salir adelante. Que la convivencia con nuestros más cercanos se torne grata y amable. No normalicemos la violencia del lenguaje que ha crecido exponencialmente en las redes sociales. Que no aumente la violencia intra- familiar. Amémonos tanto como aquel que dio la vida por nosotros.

                             Que el domingo de Pascua de resurrección realmente sea eso. Alegria e inicio de una vida espiritual más intensa y de cercanía con los nuestros, para poder seguir “auscultando la vida sedientos de verdad y de superación”.

                                                             Un Abrazo.

 

                                                          Raquel Ramirez Shepherd,

                                                          Profesora de Estado en Ingles,

                                                          Directora (s)

                                                          Liceo Abate Molina.