Correo institucional  mail 

 

El Liceo Abate Molina vio la luz gracias a la iniciativa de un monje jesuita nacido en nuestra región, de nombre José Ignacio Molina, y conocido como “el insigne abate”. Así escribió en carta dirigida al Gobierno, pidiendo autorización para fundar un colegio:“La buena educación e ilustración de la juventud hacen la felicidad de los pueblos”.

Para cumplir los anhelos del abate, el Obispo José Ignacio Cienfuegos, realizó los trámites pertinentes, que respondían a un pedido del abate Molina, tras su fallecimiento emplear sus bienes en promover y fomentar la enseñanza pública en Talca.

Debido a la Real Cédula de expulsión de los jesuitas en territorio español y americano, el sacerdote Molina debió huir del país, cuando se desempeñaba como bibliotecario del Colegio Máximo, siendo hermano estudiante, primero a Lima y luego a Italia, eligiendo Bolonia como lugar de residencia, donde finalmente murió en 1829, sin cumplir sus deseos de regresar a su añorado terruño y ver realizada su obra.

La autorización solicitada fue dada por decreto de 5 de julio de 1827, que lleva la firma del Vice-Presidente Francisco Antonio Pinto y de don Melchor José Ramos, Oficial Mayor del Ministerio del Interior.

Recibió el nombre de Instituto Literario de Talca, correspondiéndole ser en el tiempo el cuarto fundado en todo el territorio nacional. Son anteriores a éste: el Instituto Nacional de Santiago (1813); el Instituto literario de la Serena (1821); y el Liceo de Hombres de Concepción.

 Múltiples circunstancias impidieron que el Instituto funcionara ese mismo año. Provisoriamente, abrió sus puertas al estudiantado en 1829 en el Convento de Santo Domingo, que estaba en la manzana hoy ubicada entre dos y tres Sur con una y dos Poniente.

Su primer programa de estudios comprendía las asignaturas de Gramática Castellana, Gramática Latina y Filosofía, además de una escuela anexa de primeras letras.

El terremoto de 1835 inhabilitó el local en el cual funcionaba el Instituto, paralizando toda actividad educacional.

La Municipalidad de Talca en 1838 acordó cederle a este colegio un local definitivo en una propiedad de su pertenencia a dos cuadras de la Plaza de Armas.

El edificio demoró algunos años en construirse, hasta que el 9 de Octubre de 1843 abrió las puertas al estudiantado talquino y alrededores.

En la construcción del nuevo edificio se contó con fondos de la Ilustre Municipalidad, del Abate don Juan Ignacio Molina, otros bienes de destacados vecinos de la región y hasta patrimonio particular del Obispo Cienfuegos.

Orgullo de la ciudad y elemento de cultura, atrajo la atención tanto de los vecinos como de las autoridades de la República.

El alumnado, deseoso de contribuir al fomento de la cultura local, publicó en 1866 el periódico Juventud, de carácter literario, que salió al público el 14 de junio de ese año. A esta publicación siguieron otras: El Ruiseñor, en 1874, El Porvenir, en 1876, El Iris, en 1878, El Liceo en 1915, Ideales en 1918.

El sitio en que se ubicó el segundo edificio del Instituto, es la manzana donde actualmente se encuentran las Escuelas Concentradas. La entrada principal al establecimiento estaba en la Calle Liceo (nombre adquirido por la ubicación del Instituto Literario posteriormente, llamado Liceo de Talca), actualmente la tres Oriente.

Hasta 1845 sólo funcionaba como establecimiento de externos, pero ese año se creó el internado, que vino a llenar una sentida necesidad de los vecinos, no sólo de Talca sino de toda la provincia.

La mayoría de sus alumnos, eran hijos de agricultores y comerciantes locales

El Liceo de Talca, de un solo piso, estaba ubicado a dos cuadras de la Plaza de Armas, terreno y edificio municipales, su fachada daba a Tres Oriente.

El edificio fue construido con dos grandes patios rodeados de salas, destinadas respectivamente a los alumnos internos y externos. En la línea divisoria de ambos patios se erigió la capilla, y casi contiguo a ésta, el “refectorio” o comedor.

El liceo se financiaba con los aportes de los alumnos, las rentas de los bienes del Abate Molina y “seis casa de arriendo”.

Abrió sus puertas efectivamente en 1843 con 51 alumnos; al mes siguiente contaba con 59, aumentando su matrícula hasta alrededor de 350 alumnos durante el cambio de siglo.

En 1878, contaba con 279 alumnos de los cuales 56 eran internos. Se les exigía a los

pagar la suma de $150 por el año escolar, y contaba con profesores rentados de idioma francés e ingles.

En una época en que la educación se dejaba llevar por la máxima “la letra con sangre entra”, en el Liceo de Talca, los profesores también se guiaron por este principio. Los castigos eran físicos, usando la palmeta, la regla, el guante, el régimen a pan y agua, la sala de penados, las posturas de rodillas, vueltas para el rincón, coscorrones y tirones de orejas.

Tanto el terreno como el edificio del Liceo eran municipales, pero dejaron de serlo en virtud de un acuerdo entre la Ilustre Municipalidad y el Supremo Gobierno; en él, con fecha 27 de Marzo de 1895, aquélla, cede el terreno y edificio “a condición de que con el producto de esta transacción se construya uno nuevo en otro sitio”.

En 1905 fue designado como Rector del Liceo, el profesor Enrique Molina Garmendia quien eligió de vicerrector a su amigo Alejandro Venegas.

Ambos, ilustres pedagogos chilenos, tuvieron la misión de reorganizar el liceo tras décadas de oscuro funcionamiento. Bajo su activo rectorado, Molina y Venegas lograron conseguir los fondos necesarios para la construcción del nuevo edificio construido en 1925.

El viejo edificio de 1843 vino sólo a ser abandonado en 1926, para trasladarse al local de la Alameda, obra que se llevó a efecto no sin vencer reiteradas dificultades, gracias a la incansable actividad que desplegó su rector don Enrique Molina.

Además promovieron en el Liceo la práctica de nuevas experiencias pedagógicas como el sistema de Profesor-Jefe en reemplazo de los inspectores (1907) y el régimen de coeducación (1910).

También fomentaron el surgimiento de comunidades educativas como las brigadas de Boy-Scouts (1915), el Centro de Ex Alumnos y Centros de Padres y Apoderados. Sin embargo, todas estas actividades pioneras solo lograron consolidarse décadas más tarde.

Durante 1950, en el rectorado de Gregorio Cid, se arraiga a nivel nacional la idea pedagógica del Profesor-Jefe con horas dedicadas al recién creado Consejo de Curso.

En 1953 fue creado el Centro de Padres y Apoderados que funciona desde ese entonces de manera ininterrumpida.

En 1954 se funda el Liceo Nocturno Mixto de Talca, creado a instancias del profesor Mariano González Inzunza, quien, desde 1966, fue designado como rector del Liceo. Dejó de funcionar alrededor de 1982.

A él le correspondió dirigir el establecimiento durante el gobierno de Allende y el golpe militar de 1973.

El Liceo de Talca llenó una de las principales aspiraciones de sus habitantes, cual era la de proporcionar educación a su juventud.

Desde los inicios del año 1900 los estudiantes entonan el Himno del Liceo cuyo autor es el ex alumno y escritor, Jerónimo Lagos Lisboa, oriundo de San Javier, cuyo manuscrito se guarda en la Biblioteca Regional del Maule.

El Establecimiento Educacional, en los años ’70 fue conocido como Liceo de Hombres N°1 de Talca.

En los ’80 fue Liceo A-8 y ese año se adoptó definitivamente el sistema de coeducación que implicó una transformación no sólo social y cultural, sino también material, siendo necesario readaptar la infraestructura del edificio tales como baños y camarines para uso de las niñas.

Por decreto de 1993, el liceo de Talca cambia de nombre para denominarse “Liceo Abate Molina Talca” en honor de su primer benefactor, siendo Director Eduardo Fuentes Peredo.

Desde entonces, la antigua insignia con las iniciales LHT sufrió una modificación.

Hoy, año 2013, con más de dos mil alumnos, y casi cien funcionarios de educación, contando directivos, planta de docentes, profesionales de apoyo educativo- orientadora, psicólogas, bibliotecaria, kinesiólogos, asistentes sociales, personal administrativo y auxiliar -, el Liceo Abate Molina, es considerado uno de los liceos de excelencia del país, reconociendo el hecho de ser un establecimiento de Integración – con estudiantes discapacitados- y especialistas dedicados para su atención.

Innegable es el importante papel que ha representado para la ciudad de Talca este plantel de enseñanza.

Se orienta al mejoramiento continuo cuyo proceso apunta a la revisión periódica de las prácticas y resultados de la gestión institucional.

Ello permite reflexionar y evaluar los logros obtenidos y reorientar las prácticas en la medida que sea necesario, procurando su concordancia con los objetivos y metas comprometidas en el Proyecto Educativo Institucional (PEI).

El mejoramiento continuo propone identificar procesos que den cuenta de las condiciones internas de una institución escolar, las que al ser perfeccionadas, permitirán incrementar los resultados educativos en términos de logros institucionales, aprendizajes de calidad y satisfacción de la comunidad escolar.

 

28.11.2013.

Adriana del C. Cornejo Valdés

Prof. De Est. Hia y Geogr.

Licenciada en Educación

Liceo Abate Molina TALCA.